La historia y los antecedentes del Colegio de Abogados del Paraguay, contienen muchos pasajes y nombres ilustres de épocas pasadas.

         El año 1910 fue testigo de cómo se constituyó la primera asociación profesional de abogados bajo la denominación de “Foro Paraguayo”, que contaba con su propio estatuto. Posteriormente, en el año 1928, esta asociación, sobre la base de un nuevo estatuto, se transformó en un Colegio de Abogados. El 6 de junio de 1942, se reunieron en el local de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales los abogados del Foro de Asunción, con el propósito de fundar el “Colegio de Abogados del Paraguay”. Presidió aquella Asamblea constitutiva el decano de la facultad, Prof. Dr. Juan Ramón Chávez. En la ocasión, el Dr. Ignacio Parra, en breves consideraciones, explicó a los presentes las circunstancias que exigían llevar adelante la idea de la agremiación de los abogados paraguayos, dando cuenta de los trabajos preliminares llevados al efecto en otras reuniones. Luego de consideraciones vertidas al respecto, entre otros, por los señores Sosa, Saguier Aceval, González Riobóo, Domínguez, Soler y Laconich, se resolvió declarar fundado el “Colegio de Abogados del Paraguay”. La misma asamblea resolvió conformar una Comisión Provisoria para la elaboración del estatuto social, que fue presidida por el Dr. Juan Ramón Chávez e integrada por los doctores Ignacio Parra, Emilio Saguier Aceval, Carlos Heisecke Montero y Enrique Sosa Jovellanos. Dicho estatuto social, confirió al Colegio el rol de organismo rector de la abogacía paraguaya.

         El Colegio de Abogados del Paraguay fue aprobado y reconocido con el otorgamiento de personería jurídica por Decreto del Poder Ejecutivo Nº 17.269 de fecha 2 de marzo de 1943, bajo la presidencia del General Higinio Morínigo Martínez. La primera Comisión Directiva del Colegio estuvo constituida por el Presidente Dr. Juan Ramón Chávez, el Vicepresidente Dr. Luis de Gásperi, el Secretario General Dr. Carlos Heisecke Montero, el Pro Secretario Dr. Raimundo Paniagua, el Tesorero Dr. Julio César Airaldi, el Pro Tesorero Dr. Emilio Saguier Aceval y los vocales Dr. Bernando Ocampos, Dr. Enrique A. Sosa, Dr. Ignacio Parra y Dr. César López Moreira.

         El Estatuto Social ha sido modificado en dos oportunidades. En las asambleas reunidas el 27 de abril y el 7 de mayo de 1990, fue aprobada la modificación por Decreto del Poder Ejecutivo Nº 6.696 del 4 de agosto de 1990, bajo la presidencia del General Andrés Rodríguez. La versión actual, modificada en las asambleas extraordinarias celebradas el 8 de marzo de 2007 y el 11 de marzo de 2011, fue aprobada por Decreto del Poder Ejecutivo Nº 6.658 de fecha 23 de mayo de 2011, bajo la presidencia de Fernando Lugo Méndez.

         El Colegio de Abogados del Paraguay cuenta actualmente con un Código de Ética Profesional, redactado por el Dr. Raimundo Paniagua, cuya puesta en vigencia data del 16 de abril de 1952, así como con un Tribunal de Conducta, un Tribunal Electoral Independiente con reglamento propio.

         Desde entonces, generaciones e ilustres abogados y juristas han pasado por la casa del Colegio, componiendo comisiones directivas que han luchado y batallado, en las circunstancias de cada uno de sus períodos, por los derechos del gremio. La galería de ex presidentes, las actas de las reuniones del Consejo Directivos y las constancias de las publicaciones en los diarios de gran circulación del país, son testimonios de esta historia, la cual tuvo un comienzo hace más de 60 años ya.

 

Santo Patrono - San Alfonso María de Ligorio o Liguori

         Hace ya unos años, se iniciaba con esta bella frase: “Cuando hallo una razón convincente, poco me preocupa la autoridad”, un mensaje y cordial saludo a los abogados en su día. Lema de San Alfonso María de Ligorio o Liguori (1696), santo patrono de los abogados, recordado en su discurso memorial por el entonces presidente del Colegio de Abogados del Paraguay, Manuel Riera Escudero, el 1 de agosto de 1997.

         San Alfonso fue doctor en Derecho Civil y Canónico de la Universidad de Nápoles (1713), donde nació un 27 de septiembre de 1696. Hijo de don José de Liguori y doña Ana Cavalieri; de familias nobles y distinguidas. Cuenta la historia que, en su profesión de abogado, no perdió un solo pleito en 8 años, hasta que un día, después de su brillante defensa, en un juicio importante entre los Duques de Orsini y de Toscana, un documento demostró que él había apoyado (aunque sin saberlo), lo que era falso. Eso cambió su vida radicalmente. Hizo un retiro en el convento de los lazaristas y se confirmó en la cuaresma de 1722. Estos dos eventos reavivaron su fervor y abandonó la profesión; no como una fuga del mundo, sino como una toma de conciencia en profundidad.

         Hizo los estudios sacerdotales en su casa. Los dos años siguientes se dedicó a los “vagos” de los barrios de las afueras de Nápoles. La prédica sencilla desde el corazón. En los comienzos del siglo XVIII combatió la prédica muy florida y el rigorismo jansenista en los confesionarios. El predicaba con sencillez. El santo decía a sus misioneros: “Emplead un estilo sencillo, pero trabajad a fondo vuestros sermones. Un sermón sin lógica resulta disperso y falto de gusto. Un sermón pomposo no llega a la masa. Por mi parte, puedo deciros que jamás he predicado un sermón que no pudiese entender la mujer más sencilla”. Fundó la Congregación del Santísimo Redentor, la llamada Orden de los Redentoristas (1723) y se ordenó sacerdote (1726). San Alfonso abandonó su casa paterna en 1729, a los 33 años de edad y se fue de capellán a un seminario donde se preparaban misioneros para la China. En 1730, el Obispo de Castellamare, el Monseñor Falcoia, invita a Alfonso a predicar unos ejercicios en un convento religioso en Scala. Este hecho tuvo grandes consecuencias, porque ayudó a discernir a las religiosas una revelación que tuvo la hermana María Celeste. El día de la transfiguración de 1731, las religiosas vistieron el nuevo hábito y empezaron la estricta clausura y vida de penitencia. Así comienza la Congregación de las Redentoristas. En 1732 se despide de sus padres y vuelve a Scala, y con la ayuda y colaboración de un grupo de laicos, a los 36 años funda la Congregación del Santísimo Redentor, cuya primera casa perteneció al convento de las religiosas. San Alfonso era el superior inmediato y Monseñor Falcoia era el director general.

         Fue obispo, escritor, teólogo y santo. Se dedicó a la predicación y a la publicación de diversas obras, sobre todo de teología moral, materia en la que es considerado un auténtico maestro. Escribió: “El amor a Cristo”; “El Gran Medio de la Oración”; “Sobre la dignidad sacerdotal”; “El Triunfo Glorioso de María”; “Teología Moral” (1748), reeditada en 1753 y 1755; “Las glorias de María” (1750) y “Bilocación”. Para fomentar la vida cristiana en el pueblo, fue elegido obispo de Sant’ Agata de’ Goti, pero algunos años después renunció a dicho cargo.

         Falleció en la ciudad de Pagami (Italia), el 1 de agosto de 1787, a los 91 años. Beatificado por el Papa Pío VII (1816) y canonizado por el Papa Pío VIII (1839). Es recordado con el título de Doctor de la Iglesia (1871) por sus escritos sobre la moral, patrono de los abogados, de los confesores y de los moralistas.

Mayores datos en: www.corazones.org/santos/alfonso_ligorio.htm

 

La Abogacía

         "La Abogacía, antes de ser una profesión, fue una actividad señera, señoril. Al margen de lo que el humor y la crítica de generaciones de literatos ha podido acuñar en su contra; al margen de lo que el sentimiento popular ha producido en refraneros plurilingües, una realidad histórica y social sobrenada y emerge: la Abogacía como defensa de personas, derechos, bienes e intereses".

         Martínez Val, José María "Abogacía y abogados. Tipología profesional, lógica y oratoria forense. Deontología jurídica". 3ª edición. Bosch, Casa Editorial S.A. Barcelona, España. Año 1993. Página 1